El humo de tabaco contiene unos 7.000 componentes tóxicos y cancerígenos: arsénico, benceno, berilio, cadmio, cromo, óxido de etileno, níquel, el elemento químico radioactivo polonio-210, cloruro de vinilo, gas cianhídrico y monóxido de carbono, entre otros.
Los miembros de la Academia Internacional de Sexología Médica (AISM), tras reunirse para discutir la interacción del tabaco en la sexualidad y reproducción, elaboraron un informe donde se detallan los efectos del tabaquismo en la sexualidad femenina.
El tabaco afecta la erección del clítoris y reduce su sensibilidad a los estímulos y provoca impotencia femenina a largo plazo.
Fumar aumenta el riesgo de sequedad vaginal y atrofia genital que a su vez provocan relaciones sexuales dolorosas, reducen el placer sexual y retardan la llegada del orgasmo y su intensidad.
Las sustancias químicas que contiene el tabaco también disminuyen la excitación sexual y el deseo porque inciden en los neurotransmisores, biomoléculas determinantes para la trasferencia de estímulos nerviosos.
Hablando de gusto, olfato y sexo… el sabor del flujo vaginal varía en función de factores biológicos, medicación, alimentación y hábitos vitales entre los que se encuentra el consumo de alcohol y tabaco. Este no solo amarga el sabor del sexo, también aumenta el mal olor, haciendo que el cunnilingus sea menos apetecible.
Infertilidad y embarazos problemas en trastornos menstruales.
Infecciones vaginales: Las mujeres fumadoras habituales presentan un desequilibrio de la flora vaginal que puede favorecer el desarrollo de infecciones de origen bacteriano y viral, alterar la estructura del epitelio cervical y disminuir la respuesta inmunitaria.
Cáncer en el suelo pélvico y sistema urinario.
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